Un virus para dominarlos a todos

Es viernes 13 de marzo de 2020. Teléfono, email, whatsapp, nudo en la garganta, tristeza. Una mañana avisando a nuestros clientes con reservas para lo que queda de mes que tienen que cancelarlas. Que, como otros muchos alojamientos de Sobrarbe, hemos decidido que lo más indicado es cerrar, aunque nadie nos obligue. Cerrar tu negocio, tu sustento, tu trabajo, parte de tu vida, aunque sólo sea temporalmente. Cerrar sin querer hacerlo, obligado por problemas que hace poco estaban muy lejos y en tu egoísta visión del mundo no hacías más caso que para bromear.

La sensación de tristeza se mezcla con la de angustia exógena proveniente de la sobreexposición informativa que bombardean medios, redes, foros…

Las últimas reservas, las que llegaban hoy y no daba tiempo de cancelar, apenas han descargado el equipaje que ya están volviendo a meterlo en los coches, alertados y angustiados por las últimas noticias y las reacciones de sus familiares. Miedo a quedarse en la frontera, angustia a no poder volver a casa.

Definitivamente hoy viernes es una putada de día.

Amanece el sábado, 14 de marzo de 2020, un cielo precioso de madrugada, un día limpio de mañana, un sol cálido de mediodía sobre los sembrados, y un atardecer pausado y tranquilo, que silenciosamente envuelve la Peña Montañesa. Los cambios, la información, lleva tiempo digerirla e interiorizarla.

El nerviosismo pesimista de ayer va cambiando, rayo a rayo, brizna a brizna, en otra cosa que, si bien aún no sé denominar, es tangible y corpórea. Me voy conociendo bien ya a estas alturas, por eso tengo claro que no deboprecipitar mis conclusiones. La sedimentación de toda información recogida lleva su tiempo. Mi cerebro es lento en la toma de decisiones, no se le puede apurar y sin embargo suele ser certero cuando es la intuición quien da la respuesta, quien interpreta sin apenas esfuerzo consciente por mi parte. A veces es inmediato, pero en lo que se refiere a nuevas situaciones esa intuición llega cuando llega.

El sentimiento ya es otro al de ayer, es más calmado y pacífico, de silenciosa indiferencia o de oportunidad en ciernes. Aún no lo sé. Lo que sí sé es que un virus que ni siquiera es realmente virulento ha puesto patas arriba el sistema de globalización capitalista en que vivimos. Y la reacción global a lomos de la inmediatez ha sido una psicosis total. Hemos desaprendido a pensar y estas son las consecuencias. Tal vez en el futuro debamos dar gracias al Covid-19 por desnudar las brutales carencias de nuestros dirigentes, por mostrar el punto de fuga del capitalismo despiadado, por despertar la empatía que yace adormilada (más bien diría drogada) en el ser humano actual. Por mostrarnos un posible camino por el que desandar el calentamiento global. Por, en definitiva, recordarnos que somos un destello casi imperceptible en el cosmos pues con un simple bostezo la madre naturaleza nos pone al borde del caos.

Las piezas, poco a poco, van encajando

Continuará…

2 Comentarios

  • Celestino dice:

    Toda la razón amigo, yo también espero que todo esto no sea en balde, que pausemos el tripidante ritmo de vida que llevamos y apreciemos más lo cercano y simple y creemos un mundo para todos los que somos y los que vienen.
    Anymo y un fuerte abrazo.

  • J.R.Bescos dice:

    Cuanta razón amigo…….cuantas preocupaciones, mal gastadas, con problemas que ahora vemos insulsos, al empezar a descubrir lo que realmente importa, y lo que realmente nos deberia preocupar, estos días de “encacelamiento”, espero nos habrán los ojos.

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