Panem et circenses

La nueva versión del pan y circo se está representando en vivo en nuestros smartphones, y qué mejor que una cuarentena para tener todo el tiempo del mundo para admirar la estupidez humana

¿Tanto se diferencia el circo romano (recordemos: arena manchada de sangre, esclavitud, vísceras y fieras) del circo de las RRSS? Si, no se destripa literalmente, pero figurada y metafóricamente el nivel de violencia y hostilidad es enorme. Y donde hay un hilo de sangre, cientos de usuarios se lanzan como tiburones. A criticar, insultar o las dos cosas. A sentar cátedra, dogmatizar o tirar de hipocresía.

Pero aquí no acaba la cosa, pues igual que el circo romano era también comicidad, ahora tenemos el postureo. La gente que clama por no salir de casa de la forma más “fashion” posible, cuando 3 días antes estaba de fiesta en discotecas. La gente que graba vídeos de agradecimiento a los sanitarios o las fuerzas del orden cuando lleva toda la vida poniéndolos a parir. La inmediatez se ha merendado a la coherencia, a la consecuencia, a la honestidad. Y lo ha hecho de un solo bocado, sin masticar, sin salpimentar siquiera. Lo que cuenta ahora socialmente (al menos en esa vida virtual, que cada vez engulle más a la real) es, según toque, decir lo que convenga, se piense o no. Se sienta o no. Igual que ese reloj averiado que sigue dando bien la hora dos veces al día.

Tenemos una necesidad como animales sociales, la de compartir, de recibir aprobación de los nuestros y de hacerlos partícipes de nuestras alegrías y tristezas, pero la necesidad de aprobación continuada y por chorradas que se da en las rrss raya la patología. ¿Que eres una persona empática, bondadosa, inteligente y colaborativa? Bah, si no pones buenos tweets no vales un carajo.

El coronavirus solamente ha hecho que doblarnos el tiempo para interactuar por rrs, la capacidad social de dar vergüenza ajena ya estaba allí. Supongo que tampoco es algo tan nuevo. Antes de que nadie soñase siquiera con inventar el ordenador ya existía este comportamiento que ahora tiene un nombre tan sonoro: postureo. Llevar ropa cara cuando apenas había en casa para comer, comprar un coche (o una bici, o un equipo de esquí… me declaro culpable) top cuando apenas sabes conducir, contratar compañía para que en un acto social te vean con una mujer despampanante… Fardar, darse importancia, bienquedar, aparentar… muchos pretéritos del postureo.

Pero claro, antes estas cosas se veían de vez en cuando. Ahora, bendita inmediatez, abres el smartphone y te las encuentras por centenares. Hay tantas que el único tope es el tiempo que tengas o el que tu (in)salud mental te permita.

El ser humando demuestra últimamente 2 capacidades de supervivencia impresionantes: la imitación y la adaptación.

-Imitamos para sentirnos parte. Para no ser menos: Si los italianos aplauden en los balcones, nosotros también. Si empezamos a ver vídeos del “quédate en casa”, no tenemos que ser menos: ahí va el nuestro. Si una persona que sigo critica por tweet a fulano, yo con el doble de fuerza.

-Y la adaptación… a la mentira. Escuchar diariamente discursos grandilocuentes y totalmente vacíos de nuestros políticos, del Rey… no debe sorprender a nadie. Como sociedad del aborregamiento por inmediatez nos hemos acostumbrado a leer solo los titulares. Y cada vez más, esos titulares se separan del contenido, son una nota aséptica (y porqué no decirlo, manipuladora) que obvia lo importante. Y lo peor es que lo hemos interiorizado como normal, nos parece bien que nos hablen con monosílabos: arre, so. No queremos conocer la realidad, porque pensar lleva tiempo, y en ocasiones es doloroso. Así que nos encantan los titulares asépticos, no vayan a transmitir el coronavirus.

Claro que esta táctica tiene su reverso. ¿Qué decir cuando se tiene mucho tiempo para hablar? Bueno, en este caso podemos afirmar que la estrategia del “Decir mucho para no decir nada” sigue siendo la ganadora. Porque nos gusta que sea así.

Preferimos que nos digan que somos una sociedad ejemplar, el mejor país del mundo, que estamos unidos ante la adversidad y que saldremos más fuertes, a que nos digan que faltan 10.000.000 de mascarillas, 10.000 camas UCI, que a fin de mes llegaremos a los 50.000 positivos (positivos, que no infectados, que de esos habrá cientos de miles) y los 4.000 muertos, que los políticos no tienen ni puta idea de cómo lidiar con esto y van gobernando a salto de mata, que el único plan es ver qué pasará mañana y que no hay dinero ni para comprar todas las pruebas del virus necesarias ni para resarcir a la población de esta crisis.

Normal, no? A quien le gusta escuchar todo eso, que te deja catatónico. Mejor, mucho mejor, pensar que somos el mejor país del mundo, el copón de la baraja. Ah, eso sí, cuando todo esto termine (está por ver cuándo y cómo) los pondremos de hijosdeputa para arriba por engañarnos, por no prepararnos para lo que viene. Porque de actuar nosotros, ni hablamos.

Si, pensar sólo hay que pensar en lo cojonudos que somos. En lo que mola poner una foto desde el balcón con un hashtag. En decirles a los sanitarios o guardias civiles que muchas gracias, cuando no se lo hemos dicho en nuestra puta vida. Para lo demás, que piensen por nosotros los que nos gobiernan, que lo hacen de puta madre. Nos dan lo que queremos: pan y circo

 

PD: Al menos esta pandemia hará que mucha gente sepa (por las malas desgraciadamente) el porqué del término “hacerse viral”

3 Comentarios

  • Fede Gracia dice:

    Toda la razón, bien explicado, pero tranquilo que este relato con tanta verdad, no se hará viral….o sí..ya veremos.SALUD.!!

  • Carol dice:

    Bueno, no todos los hemos criticado siempre, ni siquiera salimos todos a aplaudir porque lo hagan los demás, si no porque es un gesto fácil y vistoso de dar las gracias a los que están cada día exponiéndose para que no se colapse todo, porque emociona ver la bondad de la gente que está ayudando a los demás…tienes mucha razón en todo lo que dices, como siempre…algunos vemos lo malo de la situación, pero intentamos ver lo bueno para no caer en la negatividad del asunto, tenemos que estar en casa y ahora poco podemos hacer…quizás pensar en todo lo que podemos hacer cada uno de nosotros para que esto cambie…
    Animo!!!y a aguantar fuertes!!!!!

  • Yoli dice:

    Óle tú!!!!
    GRANDE y verdades como puños.

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